El contexto de una nostalgia en la majestuosidad del caserío Terepaima - CMB - PALAVECINO

miércoles, 13 de noviembre de 2019

El contexto de una nostalgia en la majestuosidad del caserío Terepaima

Dedicado a mis amigos: Eduardo Sánchez, Rosaura Inojosa, don Román Sánchez y Jhonny González, quienes llevan a Terepaima en las corrientes de sus pensamientos. 

Sumergidos en lo íntimo de un recuerdo, añoranzas que todavía laten en el sentir de aquellos habitantes, los cuales sacan a relumbrar con precisión el contexto de los espacios; parajes indescriptibles los cuales seducen y tiñen los ojos con el verdor de las frías montañas de Terepaima, escenarios donde se afloran recuerdos que jamás retornaran. 


La Quinta de Terepaima
Terepaima el universo de aromatizados olores de flores de cafeto; en olas de suspiros que abrigan las memorias de quienes fueron testigos de los quehaceres cotidianos, en el despertar de la nostalgia radicada en un punto donde se abrazan los sueños. 

Los cerros de Terepaima no solo fueron el granero abundante del Palavecino de viejas épocas, en aquel paisaje cordillerano que en la imborrable historia fuese refugio natural de importantes caudillos y guerrilleros, desde la independencia hasta la federación se pierden la cantidad de hechos que nutren una parte la historia del actual municipio. 

Estas serranías de grandes labranzas estuvieron cultivadas por grandes extensiones de café, cambur y maíz, que en arreos de burros y mulas eran transportados hasta la contigua población Cabudareña. Desde los añorados caseríos: Los Puentes, Los Caimitos, Los Naranjos, Santa Fe, Loma Redonda, Corozal, La Vainilla, Guamacire, Agua Blanca, San Rafael, Los Aposentos y el mismo Terepaima; entre otros, se cargaban las bestias para trajinar largas horas e inclusos días, hasta llegar a surtir las grandes bodegas, almacenes o pulperías del comercio de Cabudare. Según diversos testimonios de vecinos de aquellas altas montañas. El trueque imperaba sobre todo con el pujante comerciante Augusto Casamayor. 

Don Román Sánchez relata con el agradable verbo que le identifica; las circunstancias que le tocó vivir cuando residió en el caserío Terepaima. Recordando el sinfín de pequeñas bodegas existentes entre los años 60 del siglo XX; justo cuando las circunstancias del destino lo llevaron a ocupar la espesura viva de Terepaima. 

Las contabilizadas Bodegas 

En el complejo inusitado de los diversos sitios y caseríos localizados en el interior de la montaña, los expendios de víveres no podían faltar, por tal razón don Román Sánchez y Eduardo Sánchez enumeraron el total de bodegas o pulperías existentes, entre las que recuerdan, además de la de don Lucio Peraza; figuraba en la Vainilla la de don Arnoldo Antonio Peraza, la cual estaba surtida de productos comerciales de aquella época y de frutos o cosechas extraídas de su propia huerta. Información está certificada por el oportuno testimonio de su sobrino Jhonny González.

La más cercana bodega al sector las “Quintas” de imprescindible concurrencia, era la de Santos Camacho, donde se conseguía desde Kerosene detallado, chimo, panes dulces, caramelos, manteca de cochino, granos, cigarrillos, aguardiente, papelón, aceite, azúcar, arroz, pasta, entre otros insumos. 

En la zona del Vigía, Isidro Inojosa quien ostentaba el cargo de jefe de caserío, con su esposa María Luisa Colmenarez poseían un incipiente expendio de insumos. Cabe resaltar que su hijo Blas Inojosa ejercía el oficio de arriero, y quien en los años 60 trajinaba continuamente los caminos desde Terepaima hasta Cabudare, a objeto de establecer el común trueque de productos con Augusto Casamayor, para luego, intercambiar lo que adquiría con sus vecinos más cercanos. 

La demanda de café, caraotas, maíz, quinchoncho, cambur, caraotas chivatas; era lo más usual de llevar de Terepaima a Cabudare. 

Otras de las pequeñas pulperías o minoritarias bodegas eran: la de Melecio Linarez en la Lagunita, Catalino Herize en Los Caimitos y Ángel María Herize en Los Puentes; justo en la Fila de los Naranjos. Y en la Fila del Potrero precisamente en el caserío de igual nombre, se ubicaba la de Juan Gámez. Estas bodegas transportaban sus mercancías bien sea por vehículos en algunos casos o por medio de bestias, ya que eran resistentes antes las trochas o pequeñas veredas donde necesariamente había que recorrer. 

En los años 70 se proveían para dotar las despensas, en la sonada bodega la “Ceiba” de Pastor Herrera o en el negocio de Domingo Jiménez, contiguo a la plaza Bolívar de Cabudare. 

En otro orden de ideas las familias asentadas en Terepaima, eventualmente confeccionaban escobas de bejuco de murciélago, hechas de manera manual, las cuales en ocasiones se vendían en Cabudare o en Rio claro. 

El contexto de aquel lugar 

En el paisaje predominante de Terepaima, eran exuberante la cantidad de predios cultivados por la laboriosidad de su gente, ya que en lo intrínseco de sus parajes, los antiguos pisatarios de una porción considerable de haciendas entre ellos la familia Yepes Gil, consolidarían toda una gama importante no solo de vías de penetración, como el actual camino a Terepaima que partía desde el sector conocido como Tarabana hasta el punto más alto de la serranía; también la vía que viene por el Vigía hasta el sector las “Torres”, la cual se comenzó por decisión de don Mariano Yepes Gil, para poder trasladar la famosa “jaula del tigre”, desde Terepaima hasta la hacienda Tarabana. Carretera está que pasaba por el sitio de Tabure; caminos construidos en los 50. Y así el alumbrado el cual fue conseguido por el rico pisatario bajo el gobierno de Rómulo Gallegos. La también “caja de agua” fue parte de su iniciativa, para poder garantizar el preciado líquido al urbanismo que confluía en las adyacencias del caserío Terepaima concretamente en el sector las “Torres”. Asimismo, en los años 50, la preocupación mostrada por Mariela Yepes de Valenzuela conllevaría a que se diligenciara el inicio de una escuela que funcionó de manera muy temporal en la reconocida “Ganadería Terepaima”; e incluso en la misma hacienda de don Mariano Yepes Gil se construyó una Capilla, la cual con el pasar del tiempo era frecuentada por los nativos de aquel lugar.


Pareja posando frente a la Capilla de Terepaima en la ocasión de un matrimonio. foto de los años 80. 

 Rosaura Inojosa en plena entrada a la Ganaderia Terepaima
Entre los 50, 60 y 70 se consolidó el sector las “Quintas”, con deslumbrantes casas que pese al pasar de los años aún perduran. Esté desarrollo se dio por iniciativa de don Mariano, siendo las últimas viviendas que se edificaron las de: Gustavo Rojas Lugo, Pérez Lugo, Alejandro Ramírez y la Ñaña Valero; según el testimonio de Eduardo Sánchez.

La conocida “Quinta” de Terepaima de admirable belleza arquitectónica, se construyó por iniciativa de don Daniel Yepes Gil, con listones de madero traídos especialmente de Canadá; casa que luego fue ocupada por Julián Sequera Cardot.


Don Julian Felice Cardot en su casa en Terepaima
Los Paperos 

Mario Valenzuela a mediados de los años 60 decidiría arrendar una porción amplia de fecundas tierras, a objeto de que fuesen cultivadas de papa, para ello los Isleños como se le conocían, serían los interesados en producir el irregular terreno, contratando primeramente con mano de obra de vecinos de Terepaima, Agua viva y de otros sitios cercanos. Las tierras arrendadas estaban sectorizadas en la Fila del Palito y Los Gachos; sin embargo, estos Isleños aprovecharían su última permanencia en aquel sitio, para arrendar los sectores conocidos como: Los Colorados, Corozal y Los Palos Morochos, muy próximos al sector Tabure buscando hacia la quebrada la Mata. Convendrían con el tiempo negociar con el antiguo Instituto Agrario Nacional, para labrar una importante porción de tierras reservadas por esté Instituto en el sector el Vigía. 

Evocan en sus relatos tanto Román como Eduardo Sánchez, los nombres de: Enio Meza, Gregorio Pérez y otras tantas personas de origen canario, quienes por espacio de 5 a 6 años permanecieron en los cerros de Terepaima cultivando papa; cosechas que salían para surtir los grandes mercados demandantes de Barquisimeto y la Región Capital. 

Una Escuela y sus maestros 

Cuando Román Sánchez logra residenciarse en el epicentro de Terepaima se topa con una evidente realidad, una infraestructura escolar construida en el gobierno de Raúl Leoni en la Vainilla que yacía en malas condiciones; pero su persistencia y la de otros vecinos fijaron buscarle alternativas a la demanda educativa. De esta manera adecuaron una casa frente a la ya reconocida “Quinta”; que poseía techo de asbesto, siendo una infraestructura temporal por lo pequeño de sus espacios, pero entre gestiones y peticiones Román Sánchez jamás imaginó como en una ocasión se tropezaría con aquel individuo que ejerciendo la administración de la Gobernación de Lara impulsaría y materializaría cubrir la necesidad de los infantes de aquellos tiempos. 

Niños de la antigua Escuela del Caserío Terepaima, junto a la maestra Hada Riera. foto del año 1971.

Fue así como un día, estando parado frente al aula abierta donde los niños junto a la docente Martha Gavidia recibían clases sentados en bloques y a la intemperie; de casualidad don Román logra entablar un diálogo con Alejandro Ramírez, quien para la época era administrador de la Gobernación, al palpar el alto funcionario aquella realidad, de manera inmediata articuló junto a los preocupados vecinos la construcción de una R2, que en escasas tres semanas lograron replantear el terreno, echar la losa, levantar las paredes y colocar sus techos y otros detalles. De esta forma se logró erigir aquel local que albergaría en su inicial nómina a 75 niños, e incluso serviría de centro electoral. Para el momento en que sucedieron estos hechos gobernaba el Dr. Rafael Caldera. 

Esta escuela fue dotada de pupitres y otros detalles, justo cuando se puso en funcionamiento, siendo su primera docente Martha Gavidia, luego pasaría por sus aulas Dilia de Loaiza, Rafael Virguez y por último la maestra Hada Riera. Todos ellos gozaron de gran aprecio por parte de la colectividad de aquel caserío. 

Las Festividades Patronales 

Para 1969 los inquietos pobladores de aquellos tiempos, armaron todo un convite para realizar las fiestas patronales a la Virgen de Coromoto, las cuales lograron extenderse hasta 1983. Las mismas comenzaron gracias a la iniciativa de Román Sánchez, Isidro Inojosa y Julio Alcalá. Logrando en primera instancia adecuar la Capilla ubicada dentro de la posesión de la familia Yepes Gil, armando todo un sarao con carreras de saco, pollo enterrado, carreras de mula, música de cuerdas; entre otras distracciones sanas. Inicialmente las misas eran presididas por el sacerdote Emilio Laconca, ya que desde tempranas horas de la mañana dicho cura párroco de Cabudare, era trasladado en el vehículo particular de don Enrique Peláez. 

Carreras de mulas en las Festividades a la Virgen de Coromoto en Terepaima

Armazón del Palo encebado en Terepaima. foto de los años 80
Cuentan que a las fiestas lograban trasladarse vecinos de Cabudare, Agua Viva y sus alrededores. 

Este conjunto de remembranzas y anécdotas pasadas conforman la esencia misma de una historia poco divulgada, aquella que es parte del actual contexto de la parroquia Agua Viva; vivida por quienes fueron sus actores inmediatos, aquellos que añoran y recobran sus andanzas en el espíritu conmovedor y divino, sembrados en la majestuosidad de Terepaima. 



Lcdo. José Luis Sotillo J. 
Cronista Parroquial de Agua Viva 
En twitter e Instagram: @aguavivajose


4 comentarios:

  1. Gracias amigo por el enlace me encanto espero sigas compartiendo tus interesantes relatos, saludos y muchos éxitos

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  2. Saludos gracias tus palabras me alimentan las ganas y los deseos de seguir con mis funciones de Crónista. Debo agradecer también la confianza del Concejo Municipal por permitirme publicar estos relatos, el recuerdo vivo de mucha gente.

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  3. Agradecida Licenciado por hacerme llegar el enlace de su valioso relato. Terepaima espacio y tiempo de añoranzas eternas para mí. Le reitero mis felicitaciones. Saludos y un fuerte abrazo.

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  4. A usted mi apreciada profesora, en quien siempre será ejemplo de trabajo y mística.

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